Cómo iniciarse en la observación astronómica

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Miramos al cielo estrellado y nos maravillamos ante tan sobrecogedor espectáculo. Y, sin embargo, todas las estrellas nos parecen iguales. Incluso si tomamos unos prismáticos o un telescopio, seguimos viendo estrellas iguales unas a otras. Entonces ¿cuál es el truco para encontrar y observar esas maravillas que aparecen en las fotos?

1º.- No empezar comprándose el telescopio. Primero, conocer las constelaciones.

Lo más importante y lo prioritario es conocer las constelaciones. Nadie (y esto es importante) debe comprar un telescopio sin antes pasar por ese trámite obvio, pero que muchos aficionados pasan por alto empujados por el ansia de ver inmediatamente galaxias, nebulosas, planetas…

Antes de tomar entre las manos ninguna clase de instrumento, ni siquiera unos sencillos prismáticos, debemos coger un buen planisferio donde aparezcan las constelaciones del hemisferio Norte, que es donde nosotros vivimos. Nada más. Con eso y una pequeña linterna (de luz roja, para no deslumbrarnos) nos vamos al campo, donde no haya luces de ciudad u otras fuentes luminosas que “borren” el firmamento nocturno.

Una vez estamos bajo la bóveda estrellada, cómodamente instalados, con nuestro planisferio en la mano, empezaremos por localizar una constelación representativa, que dibuje una forma fácilmente reconocible. Por ejemplo, la Osa Mayor, en forma de cazo, o bien Casiopea, en forma de M, o el Cisne en forma de Cruz… Cuando logremos reconocer la primera constelación, sentiremos ya el despertar de una ilusión interior, pues hemos logrado el primer paso de nuestro camino astronómico: hemos identificado una parcela del cielo. Eso son las constelaciones, regiones de la bóveda celeste que, pese a su antigua carga mitológica, aún vienen bien hoy día para situar y localizar los objetos que pueblan el firmamento.  Tras encontrar nuestra primera constelación, será fácil hallar la segunda. Basta tomar como referencia estrellas próximas para ir descubriendo las constelaciones vecinas. Y, así, en solo una noche, nos iremos a casa habiendo descubierto un buen puñado de estas regiones, cada una de ellas con un maravilloso repertorio de cuerpos celestes en los que iremos profundizando a partir de ahora. El cielo, que antes era un bello caos de estrellas iguales, desordenadamente esparcidas, se nos convierte ahora en algo ordenado, estructurado y con rostro reconocible. Las constelaciones serán desde ahora nuestras amigas y nuestras guías a través de la noche.

2º Estudiar las “interioridades” del cielo y usar unos prismáticos.


Tras unas cuantas noches estudiando las constelaciones y sus estrellas y ampliando el número de las que conocemos, llegará el momento de hacer uso de unos prismáticos. Basta con unos binoculares de los habitualmente empleados para uso terrestre, aunque los que mejor resultado darán serán unos 7x30, 8x40 o 10x50, aproximadamente. Dado que ahora ya conoceremos las constelaciones y antes habremos leído algún libro o web para saber qué cosas contienen algunas de ellas, es la hora de tratar de ver algunos de esos objetos con nuestros propios ojos.  Obviamente, con prismáticos podremos observar aquellas estructuras más extensas, más brillantes, no las más lejanas y difuminadas. Pero de entre las visibles con prismáticos, el catálogo es extensísimo, basta informarse en cualquier página de Internet para saber qué podemos ver con ellos. En el llamado Catálogo Messier hay muchos objetos accesibles a este nivel.

A modo de ejemplo, durante el invierno podremos ver cómo bajo el cinturón de Orión hay una manchita algodonosa que no es sino la gran nebulosa de Orión, donde nacen estrellas. O podremos ver entre las constelaciones de Perseo y Casiopea el maravilloso cúmulo doble de Perseo, dos preciosas acumulaciones de estrellas. También con prismáticos podemos observar  la galaxia de Andrómeda, que se nos aparecerá como una tenue nubecilla en la que, en realidad, se agrupan miles de millones de estrellas.  El gran cúmulo de la constelación de Hércules es un apelotonamiento de cientos de miles de estrellas en muy poco espacio, y también podremos verlo si mantenemos los prismáticos fijos, sobre algún soporte que evite movimientos.

También descubriremos que hay estrellas que a simple vista parecen un único objeto, pero que nuestro instrumento desvela que son dos muy cercanos entre así; son las estrellas dobles o binarias, que orbitan una alrededor de otra. Y también con binoculares nos asombraremos con la diferencia de colores de las grandes estrellas: Betelguese, Bellatrix, Antares, Vega, Albireo… Una sugerencia: vale la pena descargarse en el ordenador el programa Stellarium, gratuito y que aparece en un link de esta web.

3º El telescopio

Cuando ya hemos adquirido unos conocimientos básicos sobre el cielo, sabemos localizar algunos de los objetos más importantes con prismáticos y hemos aprendido  a diferenciar las diferentes clases de cuerpos celestes (cúmulos abiertos y cerrados, nebulosas, galaxias,…), es la hora de plantearse la compra de un telescopio. Aquí, sin embargo, es preciso advertir que no vale cualquier instrumento y que, por desgracia, será preciso realizar un cierto desembolso. Ante todo, cabe huir de los aparatos que venden en hipermercados, comercios y otros establecimientos a bajo precio con el engañoso atractivo del “gran número de aumentos”. Un telescopio nos ha de durar al menos algunos años y no decepcionarnos por ser víctimas de las prisas o la inexperiencia.  Un equipo que conste de trípode, montura y tubo, aparte de al menos tres oculares (por tanto, un equipo mínimo y básico) difícilmente bajará de 1.500 euros. Vale la pena informarse y volverse a informar, consultando páginas web o revistas, para saber cuál es el más adecuado a nuestras necesidades presentes y a medio plazo. Sea cual sea la decisión, será imprescindible que la montura (el aparato sobre el que va el tubo) sea motorizada para que haga el seguimiento de las estrellas si no queremos que los objetos pasen ante nuestros ojos a los pocos segundos de haberlos encuadrado.

Estos consejos son para introducirse en la astronomía, pero, llegados a este punto, se abre todo un universo de posibilidades.